lunes, 21 de junio de 2021

 Del Dr. Fatuo a Mr. Necio

El anuncio por palabras apenas decía: buscamos adjetivo cualificado y con experiencia demostrable, al menos dos años calificando sustantivos, para ocupar en el futuro un puesto de responsabilidad. Como requisito, la Enseñanza Secundaria Obligatoria.

El Dr. Fatuo, un reputado adjetivo, alto, culto y noble, se levantó temprano, tomó su desayuno una taza caliente de café con leche, sin azúcar y dos pastillas, una de género y otra de número como precaución. No quería tener sorpresas en la entrevista.

Cuando llegó al edificio, el Sr. Propio, un sustantivo veterano, salió a recibirlo y lo condujo la sala de oraciones. Al principio, la entrevista fue bien. El Dr. Fatuo comenzó hablando de su extensa carrera en el mundo de los sustantivos. Se había especializado en coaching y poseía una amplia experiencia como coach adjetival. Sus conocimientos habían sido determinantes para ayudar a muchos sustantivos desubicados en el tiempo y el espacio. En otros casos, había mejorado la relación con los sustantivos apoyando su pertenencia a un grupo, pero se consideraba un experto en calificar. Sentía que había llegado su momento y que necesitaba dar un giro profesional a su vida. Quería asumir nuevos retos, como por ejemplo, liderar a un grupo de sustantivos.

A medida que avanzaba la entrevista, comenzó a sentir unas ligeras molestias. Sus vocales empezaron a sudar, las consonantes se movían inquietas, parecían nerviosas e intentaba controlarlas sin éxito. En cuestión de segundos, la F y la T desaparecieron de su nombre al oír los gritos de la N y la C que corrían apresuradamente tras ellas. La A y la U aullaban mientras la E y la I amenazaban a la O. ¡Tú te quedas ahí!

El Sr. Propio no daba crédito a lo que estaba escuchando.

¡Los adjetivos son el complemento del verbo!

¡Despida a los adverbios! El adverbio de lugar está fuera de tiempo y el de tiempo está fuera de lugar.

¡Los sustantivos sin mí son impersonales! ¡Sois unos chaqueteros! Cambiáis de género y numero a vuestro antojo…

En cuestión de segundos, la vanidad se había transformado en necedad y el Sr. Propio, atónito no sabía cómo reaccionar ante el tipo que tenía ante sí. Un desconocido adjetivo de baja estatura, ignorante y modesto que le tendía la mano mientras se presentaba con una amplia sonrisa desdentada.

¡Hola! Soy Mr. Necio.

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