domingo, 20 de junio de 2021

Cobarde. AQG

 

Cobarde, me llamó cobarde, a la cara y luego otra vez, por teléfono. Estábamos sólo nosotros en el parque. Ellos a un lado y yo al otro, solo, como siempre. Cuando te acerques al chucho mírale a los ojos, levanta la barbilla y ponte recto. Me dijo que le esperara al salir de clase. El viento levantaba el suelo y hacía crujir las ramas de los árboles mientras él me miraba a la cara con sus ojos polvorientos. Si no te tienen miedo se envalentonan y si te muerden la has cagado. Cada día me humillaba, me robaba el almuerzo ¿qué más quería de mí? Me hizo una mueca de desprecio y apretó los puños, grandes y redondos como bolas de derribo. Los demás gritaban, le animaban. Tienes que ponerle el palo en la boca, hacerle rabiar, si no, no pelea, nadie paga por ver a un perro que no pelea. Me podía llamar lo que quisiera menos cobarde, un cobarde no viene, un cobarde se va corriendo a casa. Le sostuve la mirada, traté de mantenerme firme. Metí la mano en el bolsillo y sentí el filo tembloroso, sólo tenía que sacarla y todo habría acabado. Mírale a los ojos, que no se note que tienes miedo, los perros huelen el miedo. Mi madre no estaba en casa, mi padre me dio la navaja. Co-bar-de, volvió a decir, muy despacio, paladeando las sílabas. Los demás le coreaban, lo repetían entre risas. Así no, dame, dame el palo, que la estás jodiendo. Alguien se lo dijo a la profesora, no fui yo, eso les enrabió más. Gritaban, machácale, revienta al chivato. Les hizo caso, vino hacia mí como un animal, con pasos pesados y rotundos ¡No llores joder! Mírame, mira como lo hago yo, aprende o te harás un blando. Mi padre dijo que eran como perros, que si la sacaba se asustarían y no me volverían a molestar. Fui incapaz de hacerlo, no pude ni tan siquiera moverme ni esquivarle. El primer golpe fue el peor, me estalló un pitido en el oído, todo lo demás quedó en silencio. Así ¿ves cómo pone el rabo entre las piernas? Ya no notaba dolor, sólo las sacudidas. No dejó de golpearme cuando caí al suelo. No sé cómo lo hice, fue instinto, pensaba que me iba a matar. Mira cómo gime y esconde la cola, me tiene miedo, sabe que está vencido, que soy su dueño. Si hubieran llamado a una ambulancia quizá se hubiera salvado. Todos salieron corriendo al ver la sangre. No sé cómo pude, ni tan siquiera fui consciente de cogerla del bolsillo, sólo recuerdo sacar el cuchillo de su estómago. Toda esta rabia la sacará contra otro perro en la próxima pelea, nos jugamos las habichuelas. Se derrumbó sobre mí como un peso muerto, pero aún sentía su aliento en mi nuca. Me aplastó, no me pude mover hasta que lo levantó la policía. ¡No llores joder, es sólo un puto perro! Tienes mi sangre, no voy a dejar que te hagas un cobarde.


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