lunes, 21 de junio de 2021

Ciudad Corrupta

El pueblo quiere sangre. Se ha cansado de soportar a los corruptos como yo que no encajan en su esquema de sociedad. Los presentes claman por ser testigos de un dolor a la altura de sus expectativas, intentando llenar ese vacío en el pecho que han dejado mis acciones con una ejecución que estabilice la balanza. Me han escupido a los pies, amenazado con el filo de una espada y deseado que acabe yo con mi propia existencia. Dicen hacerlo en nombre de la Justicia, porque he hecho tanto daño que el orden será restablecido así. 

Ya no sé qué es más patético: mi situación o la suya. Me arrastro camino a mi fin, con cadenas rencorosas ralentizando mi paso y miradas cargantes a la espalda. Me gustaría encontrar a la Justicia entre la multitud y darle un último saludo, pero no está a la vista. Sin embargo, una neblina con sabor a vindicta se ha posado en el ambiente. Cubre la vista de los espectadores, y ellos, impacientes, me apremian a que me ponga el collar. No se darán cuenta, pero sus ojos cada vez se ven más huecos, corrosivos.

Estas son mis últimas palabras antes de la horca, así que no me molestaré en hacerlas sonar dulces: No merezco esto. He matado, he timado, he hecho todo de lo que se me acusa, e incluso más. Pero yo no soy un delito. Se han empeñado en alienarme de mi humanidad, en catalogarme como un degenerado para que encaje en su idea de que soy imperdonable. Pero igual que yo he corrompido mi papel en este mundo, ellos han corroído la esencia de la Justicia con su anhelo de Venganza. 

He llegado a la soga, y me miran expectantes. Los abogados del Diablo han quedado afónicos entre la multitud. A sus ojos soy un villano que se interpone entre la víctima y su felicidad, y lo único que ella quiere es verme caer. Soy una corrupta amenaza, y no puede permitirse dejar un engendro del Mal por purgar.


Paula

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