jueves, 10 de junio de 2021

 Hola! Allá voy.


MIS OJOS

Me gustan mis ojos. Son unos sencillos ojos marrones. Con el paso del tiempo han ido cargándose de atributos: miopes, astigmáticos, présbicos, a la vez que se volvían algo más pequeños y se apagaba un tanto su brillo. Son los ojos de mi familia paterna, de los abuelos que vinieron desde Granada cuando la guerra, solo con una maleta. Me gusta pensar que son parecidos a los ojos que lloraron al abandonar la Alhambra, hace más de cinco siglos.

Me gustan mis ojos porque me permiten conocer el mundo. Me han enseñado paisajes montañosos en los que la vegetación ya había desistido de crecer, y árboles que nacieron mucho antes que nosotros; ríos cuyas aguas reducen nuestra temperatura corporal a la vez que nuestras preocupaciones, y olas que lanzan su hombro contra los acantilados para abrirse espacio. Gracias a mis ojos he contemplado robustas catedrales, compañía y consuelo de los hombres, y frágiles pagodas de inquietante decoración; vanidosos palacios, rascacielos poderosos pero vulnerables, y expresiones de ego talentoso en los museos. A través de la lectura, mis ojos me han permitido acercarme a lugares que jamás conoceré en persona, a pensamientos que no son los míos, a culturas ajenas, a historias que nunca me sucederán a mí; y he podido indignarme ante las injusticias que revelan los periódicos.

Me gustan mis ojos porque definen mi manera de estar en el mundo. Me gusta levantarlos y cruzar la mirada con otros ojos, que también buscan a alguien conocido entre las personas que caminan cubiertas con sus mascarillas. Me gusta cómo miran a mis hijos, acariciándoles, tanto cuando pierden los estribos como cuando interrumpen su adolescencia para darme un abrazo o hacerme una fugaz confidencia. Y cómo son capaces de llorar con las desgracias propias y ajenas, y de iluminarse ante las buenas noticias, ante la alegría compartida, ante cualquier manifestación de belleza.


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