Expresión de mis ojos
¿Qué ocurre en el resto de
ocasiones con la expresión de mis ojos?
Ante un momento alegre: Mis ojos y mente son libres, no tienen que
actuar para controlar lo que están contando. Mis párpados se abren con asombro,
buscando la mirada de los otros para compartir esa euforia. Mi iris brilla,
contento de poder revelar mis sentimientos sin tapujos, sin miedo a mostrar la
expresión correcta porque no hace falta, está pasando algo bueno y mis ojos lo claman.
No hay nada que ocultar.
Ante un momento triste: Rodea a mis pupilas una zona que se podría
comparar con un mapa lleno de carreteras comarcales, finas, rugosas, rojas y con
múltiples curvas. Mis ojos se han dado un baño de lágrimas, lágrimas que se
resbalan por mis marcados pómulos y que terminan en la comisura de mis labios
con sabor a mar y regusto amargo.
Ante un momento incómodo: Cuando aparece una situación embarazosa, el
glóbulo ocular se seca, parpadea sin cesar, se abanica incesantemente con mis
largas pestañas para calmar ese calor interno previo a la mentira, esa apariencia que intento fingir para no
provocar molestias a quienes estén conmigo en ese momento. Es la peor actuación
de mis ojos.
Ante un momento feliz: Si las arrugas se ven suaves, provocadas por el sutil cierre de los párpados y acompañadas de una sonrisa dulce, es el mejor momento, la felicidad está conmigo. Mis ojos se encuentran en calma, con plenitud y serenidad, dispuestos a disfrutar del momento. Consiguen su mayor esplendor y brillo por la felicidad que les acompaña.
Eva
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