domingo, 13 de junio de 2021

Corintio

La parte inferior de mi cuerpo es como un sistema arquitectónico en el que la asimetría entre mi lado izquierdo y derecho definen mi carácter dinámico e inquieto. Mi fuste atlético y musculado está compuesto por dos columnas que descansan sobre unas basas estándares, normales, sencillas en las que destacan unos delicados estilóbatos. Los capiteles dóricos, sencillos, carentes de decoración, se fijan a un arquitrabe firme, sobrio, fuerte, con dos rocas compactas por su parte trasera, definidas y respingonas que, con el devenir de los tiempos, fueron erosionándose.

Al principio todo era armonía, unidad y proporción siguiendo los preceptos clásicos de la juventud. La aparición de unas pequeñas volutas de grasa en el capitel y acanaladuras en el fuste fueron el presagio de un inminente cambio en el orden y estilo. Por aquella época, decidí encomendarme a los Dioses quienes me dijeron que buscara la solución en los cuatro elementos básicos de la naturaleza, el agua, la tierra, el aire y… que, por el momento dejara de lado el fuego, aún no estaba todo perdido y quizás el sacrificio fuera innecesario.

El agua en la era a. C. (antes de la COVID-19) y la tierra y aire d. C. ayudaron a establecer un estilo más acorde con la edad y que en cierta manera, respetaba la proporción y la armonía del conjunto. No tardó en correr la voz y los emisarios jónicos enviados a la tierra dijeron a los Dioses que corría como un niño de seis años y que nadaba como si tuviera dos pequeñas motoras por pies. En mi defensa ante el juicio divino diré que: Corro sin objetivo claro, sin tener en cuenta los kilómetros definidos, sin un tiempo controlado. No sé mi media, ni si voy a cuatro o a cinco kilómetros el minuto. No tengo marca ni récord personal y desconozco mis pulsaciones. Cuando creo que ya he corrido lo suficiente me paro. Solo sé que disfruto sintiendo el ritmo acompasado de mis pies batiendo el suelo o pisando el agua mientras mis pensamientos se desplazan por el universo de mi cabeza.

Hoy mis columnas muestran sus primeras fisuras azuladas. Mis capiteles han empezado a desprenderse pero se mantienen estables gracias a redes de colores vivos y estampados vibrantes con hojas de acanto, flores tropicales, lunares, e incluso con atrevidos animal print que ocultan lo que no se quiere enseñar. Mi cornisa está apuntalada con pantalones, faldas de tiro alto y vestidos que definen el talle y estilizan. En Corintio, mi estilo ha alcanzado todo su esplendor y madurez sin renunciar al ingenio o, incluso, a una chispita de locura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El océano escarlata

Perdido en un océano escarlata. La arcilla carmesí me abraza, me confunde. Las pinceladas parecen hechas por un niño de cuatro años, ese des...