lunes, 14 de junio de 2021

Ya no tengo edad para vosotras

Los elefantes son los únicos animales con cuatro rodillas. Lo vi en TikTok hace unos días. Ya sé que no tengo edad para estar en TikTok, pero tampoco para tener las rodillas que tengo. Cuando en 2003 me operaron de la rodilla derecha (un año anterior me habían intervenido de la otra), me dijeron que tenía artrosis, “como si tuvieras 82 años”. Yo entonces tenía 18. Imaginaos el drama. Desde entonces las rodillas son viejas enemigas. El odio es mutuo. Yo las detesto porque tengo miedo de que vuelvan a irse de fiesta, lo que en términos médicos se llama luxación, y ellas porque no dejo de ponerles peso encima. En general, hay que reconocerlo, no son una articulación excesivamente favorecida. No hay “rodillas bonitas”. El diseño es bastante tosco, al menos visualmente: una protuberancia que sobresale del resto de la pierna, que se mueve de forma extraña, y que al menos en mi caso está atravesada por una cicatriz con 15 puntos de sutura. Además, está todo el día dormida, como efecto secundario de la anestesia. Sí, hace década y media de aquello, pero me dijeron que tardaría en irse. No me dijeron que tardaría tanto. 

Pero bueno, hay que ser magnánimo con ellas. Son feas, sí, pero funcionales. Y al final me llevan donde quiero estar, me mantiene en pie junto a personas con las que quiero enfrentarme al mundo y se acomodan en el sofá cuando me acurruco y fuera llueve aunque luzca el sol junto al mar. Aprender a gestionar la animadversión es importante, más cuando estás unido al objeto de tu resentimiento durante tanto tiempo (unas 24 horas al día, aproximadamente). Como diría aquel, estamos trabajando en ello. 

Yo no tengo cuatro rodillas, como los elefantes. Y visto todo esto, menos mal. 

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