domingo, 25 de julio de 2021

MUSEO

 

MUSEO


No me gustan las entrevistas. Se lo dije a Cristel. Me preguntarán y me preguntarán hasta desgastarme, y como polvo de piedra no sabré reponerme. No sabré.


Todo gira alrededor de lo otro, pocos se muestran interesados en la verdadera importancia de lo que mueve al hecho de pintar así. La tendencia. El movimiento neurótico de búsqueda. La fuente inabarcable de sufrimiento insatisfecho que desbordada desaparece en un riachuelo de lodo y mosquitos. Eso es lo que importa. Mucho más que la inercia y el peso que te obliga a precipitarte sobre el color. La tendencia. La nueva grieta por la que detonar la piedra. La estupidez nacarada que justifica en si misma el brillo que ella misma proclama, un brillo espasmódico, y la ansiedad progresiva encerrada en una modernidad de camiseta.


Hoy no llueven Kafkas. Está todo quieto. La lluvia pausada empapa los cuerpos para que se presten atención, para que se sientan, para que bajen la mente a la altura del pecho y bombeen allí una verdad casi sincera.


Fuera se celebra la fiesta de la democracia. Cualquiera puede votar para que esto se mantenga igual, sin cambios aparentes. Yo estoy aquí sentado ante esta obra que es arte porque está aquí. Los engreídos dicen que es arte porque tú lo haces arte, y que el artista es un vínculo. Esto no me vincula a nada más que a la risa. Me entra la risa mirando esta obra “AZUL”, heredera de la corriente monocromática que se mofó de los mismos esquemas viejos que hoy nos empeñamos en volver a exaltar. Qué risa. Como la moda, que siempre vuelve a la paleta de estupideces y aciertos que necesitamos para existir. Es difícil mirar AZUL y no pensar en la estupidez -¿no crees?-, en la justificación de cualquier moda necesaria para mover de nuevo la rueda de la fortuna.


No me gustan las entrevistas. Puede que me pregunten alguna simpleza y pueda responder con sarcasmo.


Hay una historia detrás de todo esto. Hay algo submarino que impregna de viscosidad acuosa cada rincón de la obra. La sal aparece en la boca. La luz entreabierta se filtra entre las corrientes móviles del plancton turbio. Hay una falta de oxigeno hacia la superficie. El sol huye cansado dejando la profundidad abandonada y en lo oscuro, si hay peces distraídos mirando en las sombras. Hay una búsqueda asfixiante,casi asmática, por estar en esa élite que decide lo que debe ser y no ser entre burbujas y orificios.


Fuera se celebra la fiesta de la democracia. Yo quise votar ayer por correo para que no sirviera, en blanco. Me preguntarán y odio las entrevistas. Seguro que no se dan cuenta. La GRAN OBRA DE ARTE esconde los matices, los defectos disimulados, la frustración. No se darán cuenta. Es un detalle demasiado sutil como para cambiar de repente una entrevista preparada, una exposición, toda la piel de un personaje.


Tendría que haber rajado el cuadro por la mitad. Como una herida azul que busca la sangre rebelde y se queda seca. Como el tiempo azul cortado por un destino inaprensible que pretende avisarnos. Como una boca mostrándose oblicua en una mueca burlona que desprecia nuestra soberbia de cultura prêt-à-porter.


¿Hay una historia detrás de esto? Tal vez solo la prisa. La desidia. La pereza pastosa del encargo, como una clase por dinero que no me interesa dar. Tal vez la venganza hacia el desprecio que recibí y que todavía me revuelve, entre el oropel, con terciopelo pegado a las paredes de mi garganta. No toso sangre pero me ahoga.


Miro mi obra. AZUL. Y me dispongo a mentir de nuevo. Nadie sabe nada de mi porque no estoy nunca. Mi obra está de moda. Yo no. Nadie se dará cuenta de la raya que acabo de pintar con un rotulador rojo mientras el de seguridad no me vigilaba. Es su obra, ¿Cómo va a perpetrar cualquier acto vandálico? Habrá pensado para si con ese lenguaje anquilosado de la seguridad.


Mañana los titulares no hablarán de rayas rojas sino de “resultados satisfactorios”, de “no cambies nunca,Presidente,Presidente” y de “voy a gobernar para todos”. Jamás tendría que haber aceptado esto. Ha sido un pozo amargo. Tendría que haber sido fiel a los maestros Incoherentes. Dejar el lienzo vacío y titularlo Todo se fue con la riada del 57.


Pero no. El pintor de la profundidad trascendente. El artista que desnuda sin escrúpulo la desorientada superficialidad postmoderna con su azul abisal. No. El artista más incisivo de la nueva vanguardia no puede abandonar su alegato. No puede ser mortal y simple. Él, no. ¿Y tú?


Voy a pintarme algunas rayas en la cara a ver si pillan la indirecta. Tal vez tenga suerte y la periodista se confunda de sala o de mesa electoral.


Nadie verá la raya roja. Como los indígenas americanos no vieron llegar los barcos españoles porque no sabían lo que eran. Tal vez Cristel. Por algo es la única que sabe. Me la imagino con un pañuelito mojado en saliva intentando borrarla furtivamente mientras los demás se vanglorian de la impresionante belleza profunda de este mamotreto de 3x5;15 metros cuadrados.


La periodista ha llegado atolondrada. Me saluda con un gesto amable y se queda boquiplática ante el cuadro abriendo los brazos.


- Háblenos de su magnífica obra, señor Hornick. ¿Es cierto -pregunta entusiasmada- que pretende denunciar la indefensión de las minorías de rayas rojas ante la implacable dictadura azul de lo establecido?


- Exactamente. Es como una fiesta de la Democracia.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

El océano escarlata

Perdido en un océano escarlata. La arcilla carmesí me abraza, me confunde. Las pinceladas parecen hechas por un niño de cuatro años, ese des...