La palabra
rimbombante suena como una pelota llena de aire rebotando en un túnel largo y vacío,
las erres y las bs se pegan a las paredes mientras la pelota va subiendo y
bajando. Suena como un tambor de madera haciendo eco en una cueva, cada silaba
es un golpe seco en el parche.
La palabra
rimbombante está llena de rimbombancia. Al decirla sus letras se iluminan como
si fueran de neón, son chillonas y enfáticas. Al oírlas suenan fuera de lugar,
con un sonido propio de esos adjetivos de otra época, en la que el lenguaje se
cuidaba de explicarlo todo, de ser lo más especifico posible en sus descripciones,
antes del pragmatismo de la modernidad.
En cuanto a su
significado, debo admitir que cuando la escucho no puedo evitar pensar en monarcas
y juglares en antaño con sus túnicas de color verde, rojo y amarillo, luciendo
sus coronas y sus anillos dorados, bañados en privilegio. Es una palabra que
comunica jerarquía, estatura. Es un sonido que arremete contra el que lo
escucha, (RIMBOMBANTE) lo arrincona en una habitación oscura y se presenta como
un rubí voluptuoso que ilumina todo con su ostentosidad.
Rim-bom-ban-te,
cada silaba es una vena que se dilata y se contrae, la sangre corre por ella y
se coagula. Un globo aerostático respira al son del fuego, inflándose y
desinflándose como un gigante ofendido. Se estrella contra el pico rocoso y se
despedaza, rebotando sobre el acorazado acantilado, cayendo como un espectro,
estirándose sobre las piedras y los árboles.
Una burbuja nada en el lago celeste, rodeada por bolas de algodón. La
burbuja se explota, como un átomo se divide en múltiples formas. Con cada
silaba la burbuja se vuelve 7, no 10, no 30 burbujas mas pequeñas, cada golpe
del tambor marca un son de destrucción y reconstrucción de la materia.
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