domingo, 18 de julio de 2021

J.


Jocoso ha sido siempre un niño absolutamente normal.

Así se lo endiñó su padre al director del colegio cuando éste le cuestionó las capacidades de su hijo disperso.

Ha entonado con ardor el himno patrio y ha vestido regio el uniforme azulón de los hijos bravos, remató con la voz en grito.

Jocoso fue un niño normal,sí, aunque no se podría afirmar con absoluta certeza, a pesar de su padre, pues la normalidad acoge con recelo a cualquiera que lleve en si tan significativo epíteto.

Su paso por el colegio, un anticipo profético de su vida posterior, fue totalmente paradójico. Tan conocido por todos y tan poco apreciado por nadie. Ni siquiera su primo Fruncido aguantó a su lado mucho más que un saludo breve y esquivo.

Nadie le llamó por su nombre. El profesor de gimnasia le llamaba Juncoso, como su mujer la de Naturales, tal vez por su aspecto espigado y lacio. Y la de Legua, a quien se le suponía un gran amor filológico por las palabras, tuvo a bien llamarle Tú, con tilde diacrítica. Los demás simplemente no le preguntaban por no pronunciar su nombre. Incluso el Conserje, gato viejo, se limitó a decirle Ehtuchaval en público y Campeón en privado.

Jocoso jamás oyó su nombre. Algunos considerados le llamaron ocasionalmente Gracioso,Juguetón,según el contexto,El Gracia...Hasta un vendedor de colchones italiano se brindó a llamarle Gio, en hipocorístico, tras un breve inicio prometedor que acabó con el decepcionante Giovanotto.

Cuando cumplió la mayoría de edad, Jocoso decidió cambiarse de nombre en un intento poético por ser reconocido. Se puso Juan, por aquello de mantener al menos su Jota inicial, y todo fue mejorando. Los nuevos conocidos, aún con un recelo misterioso, empezaron a llamarle Juan, Juanito, Juanín, Juanitín...y aquello abrió su esperanza hacia la vida próspera que jamás había tenido: Juan Gracia, ciudadano.

Y sí, tuvo una próspera y longeva vida ciudadana hasta que se murió y lo enterraron.

Hoy, tanto tiempo después, su tumba continua siendo la más visitada del Cementerio de los Cármenes, todo un reclamo, por la peculiaridad que acuñó el grabador de su lápida:


                                                       “Descansa en paz

                                                            Guan Gracia

                                                    Tus amigos no te olvidan”

 

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