viernes, 9 de julio de 2021

Pieses

Nunca me han gustado los pies. Me parecen todos feos. Horribles. Por eso cuando mis parejas, amigos o, incluso, mi madre me dicen que mis pies son feos pienso: “Como todos”. Pero ahora, mirándolos fijamente por primera vez para realizar esta práctica del curso de escritura de Kike y Bárbara, veo que mis pies son muy muy feos. La virgen.


Se me da tan mal jugar a fútbol que se podría decir que, además de feos, ninguno de mis pies es bueno. Lo cierto es que soy diestro. Soy diestro para todo lo que hago excepto para escribir y masturbarme. Puedes hacerlo TODO con la derecha, que si escribes con la izquierda serás zurdo ante el mundo. A nadie le importa la mano con la que te haces las pajas.

Las uñas de mis pies están largas, otra vez. Parece que fue ayer cuando las corté apoyado en el bidé, tachando la tarea “Cortarme las uñas” de mi agenda. Por entonces no tenía trabajo ni mucho que hacer. Las uñas de mis pies me recuerdan el inexorable paso del tiempo (cliché), que ya son las diez de la noche, que mi perro tiene diecisiete años y que yo tengo treinta y cuatro.

Los dedos de mis pies crecen como agarrotados. Doblados y recogidos en forma de pequeñas garritas, marcando mucho los tendones sobre el empeine, con el dedo gordo desviado hacia dentro. Quizás sea efecto de andar siempre de puntillas. O quizás ande de puntillas porque tengo los dedos así. ¿Quién sabe? ¿A quién le importa?

Hablando del empeine, sobre él nacen cuatro pelillos que me recuerdan al adolescente que proyectaba un hombre peludísimo pero que se quedó en señor moderadamente velludo.


Mis pies, si se puede decir algo bueno de ellos, no suelen oler mal. Alguna vez lo han hecho, pero la culpa ha sido siempre sin duda del calzado. Tampoco me producen dolores, como antes sí hacían. Ventajas de pasar de deportista a carne de oficina.

Todo lo bueno que se puede decir de mis pies es la ausencia de algo malo. Pero, ¿no es acaso eso la felicidad?


En fin, resumiendo, debí haber escrito sobre mis huevos. Tampoco tienen mucho que contar, pero no se me hielan en invierno.

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